“Criterio y pasión”, AITOR ALVAREZ (DV)

MÚSICA, MATINÉE DE MIRAMÓN

El ser perfeccionista es una cualidad que en general proporciona cosas positivas, aunque en algunos casos pueda convertirse en el peor de los enemigos. Lo que está claro es que se trata de algo innato que irremediablemente define la personalidad de quien la posee. Esta condición tiende a magnificarse en las áreas que más se aprecian, en aquéllas que te hacen sentir, emocionarte y soñar. En el mundo de Arkaitz Mendoza ,este campo se llama música y, concretando un poquito más, la música escrita para piano en la solemne era romántica. Es ahí donde su corazón palpita con intensidad, se vuelve frágil ante las sensaciones que esta música le transmite y, a la vez, se hace fuerte para sacar lo mejor de ella. Es precisamente aquí donde su sentido de la perfección se agudiza y donde toda su musicalidad interior se activa para dar a cada argumento musical su verdadero sentido y significado.
A través de un programa que conoce sobradamente y domina con naturalidad, Arkaitz nos mostró un perfil de pianista meticuloso, detallista y, cómo no, perfeccionista, dando la sensación de que todo estaba estudiado con precisión milimétrica. El donostiarra tiene mucho para transmitir en su interior, y lo mejor es que posee las aptitudes técnicas y expresivas para ello. Su poder de comunicación, tanto en el gesto como en la música que crea, es grande, su criterio interpretativo convence y la pasión que le invade engancha hasta al oyente menos receptivo.

Sin partituras, facilitando así la máxima concentración, el pianista nos dejó una Rapsodia de Brahms fogosa y pasional, dos Nocturnos de Chopin empapados de magia y sensibilidad y un Valle d’Obermann de Liszt profundo, intenso y comunicativo. Tras él, los siempre poéticos Preludios Vascos de Aita Donostia y el magistral y granadino El Albaicín de Albéniz.

Fue, en suma, un gran recital de piano en el que Arkaitz Mendoza disfrutó de lo lindo y nosotros con él.